África: El Pobre con la Vida más Rica

Era un Martes en Dades Gorge, Marruecos África cuando me encontré con Abadalam. Después de tener una noche muy interesante en el pueblo, mi amiga polaca, Dori, mi amigo marroquí, Badel y yo estábamos saliendo del pueblo en la dirección el desierto de Sahara. Estaba muy emocionado porque nunca había visto nada parecido al desierto en mi vida.

A la salida, no pudimos evitar fijarnos en que el mismo señor sonriente, Abadalam, que habíamos conocido el día anterior, estaba despierto temprano y trabajando en su pequeño puesto de comida, donde se vende bocadillos, tortillas y bebidas fritas.

Cuando nos vio nos dijo: “No sabía que aún estuvierais aquí. Si hubiera sabido que ibais a pasar la noche, os hubiera invitado a dormir en mi casa con mi familia. ¿Os quedaría una noche más para poder conocer a mi familia?

Mi pensamiento inmediato fue: NI LOCA! Estaba tan emocionada, que quería salir ya a ver el Sahara y además no sabía cómo sería la situación si íbamos a su casa.

Yo diría que él tenía, más o menos, 60 años, con ropa muy desgastados y encima trabajaba en un puesto de comida. Cuando imaginaba lo que podría ser las condiciones de su casa, me imaginaba ir a una pequeña choza sucia, con poca comida, sin ducha y en el medio de la nada.

Después de insistir un par de veces más, decidí abrir mi mente a la idea. Quería sumergirme en la cultura de la zona y sabía que esto probablemente me daría la experiencia que buscaba.

Al final estaba de acuerdo y estaba preparado mentalmente para pasar apuros durante el día y la noche.

Un joven llegó para llevarnos a casa de Abadalam. En las horas más calurosas del día, nos pusimos en marcha durante 25 minutos, cruzamos un arroyo y subimos una colina, donde estaba la casa. Finalmente, llegamos, cubierto de sudor y agotados. A la llegada, fuimos bienvenido con besos por si su esposa e hijos adolescentes.

Me quedé en blanco cuando entré en la casa: era la casa más limpia, ordenada y acogedora que había visto. Una vez allí, la esposa y la hija nos prepararon tres comidas increíbles e incluso un pequeño cubo de su agua caliente para poder ducharnos cómodamente.

Aunque tres horas antes éramos desconocidos, nos trataron como si fuéramos de su familia: abrieron su casa y nos dieron todo lo que tenían. Veía que esta familia tenía poco, pero compartían todo y tenían un amor increíble entre ellos.

En medio de todo, algo comenzó a abrumarme en mi interior: “Sarah, la culpa es tuya.”

Yo judge rápidamente a  un hombre por lo que había visto en el exterior y casi no le hice caso. Sin embargo, Abadalam y su familia, en poco tiempo, me enseñaron como se puede ser feliz con muy poco: ellos tenían su familia, comida suficiente, una casa y su dios que rezaban juntos a diario, y estaban agradecidos y felices por tener todo eso.

Aprendí de esta familia una lección importantísima: el dinero no lo es todo.

De hecho, algunas de las personas más pobres, como la familia de Abadalam, tienen vidas más ricas que alguien que muchos millonarios que son desdichados.

No te olvides de leer: 

  • ¿Has conocido alguien que vive con poco, pero está contenta con lo que tiene?
  • ¿Tú crees que el dinero es lo más importante?
  • Comparte abajo!

 

 

 

Do you have a inspiring story that changed your life?

Share your stories below!

 

 

adminÁfrica: El Pobre con la Vida más Rica