Camino de Santiago: La Actitud Positiva

Del 16 de mayo al 15 de Junio me embarqué a un viaje que se llama El Camino de Santiago, donde caminé 950 kilómetros durante 31 días desde St. Jean Pied de Port, en el Pirineos Francés hasta Finestre, en el noroeste de España. Cada día caminaba una media de 30 km, aunque un día anduve 60 km.

Era algo que siempre había querido hacer. Es algo muy popular por todo el mundo y que hacen más de 100.000 personas cada año.

La gente lo hace por muchos razones:

Motivos Religiosos: Así es como nació, ya que es un camino de peregrinación católico, que los creyentes realizaban desde la edad media. Actualmente hay personas que lo hacen como ofrenda religiosa, que representa el esfuerzo.

Motivo Espiritual: Incluso las personas que no son creyentes, pueden encontrar en el camino una parte espiritual, porque hay tramos en los que estás andando solo durante horas, enfrentándose a las inclemencias del tiempo: calor, lluvia, montañas y a sus propias limitaciones: dolor, cansancio, falta de confianza en ti mismo… y esto te permite enfrentarte a tus miedos, tener tiempo para pensar y conocerte mejor a ti mismo.

Motivo deportivo o aventura: Muchas personas simplemente lo hacen como una superación personal, les gusta hacer senderismo, andar por las montañas, disfrutar de los paisajes y el aire libre.

Yo lo hacía un poco por todo, pero sobre todo porque quería vivir una nueva aventura y superar un reto personal, que creía que no podría conseguir.

Al principio del camino no conocía a nadie y empecé totalmente sola. La gente me había dicho que el primer día era muy duro y que tendría que subir horas y horas por las montañas, pero no esperaba que sería tan difícil.

Empecé con buen tiempo, pero después de dos horas caminando, el tiempo cambió radicalmente. De repente, comenzó a caer un fuerte chaparrón, con mucho viento frío, tormenta y hubo momentos donde no podía ver ni siquiera mis manos delante de mí. Caminé durante horas cuesta arriba, sola, contra el viento, cansada, con todo mi cuerpo congelado, sentía la lluvia y el frío como agujas que se clavaban en mi cara.

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Reconozco que no estaba preparada para eso: solo tenía un plástico fino para protegerme… De hecho, mi mochila sólo contenía ropa de verano.

En el momento donde pensaba que no podía seguir, escuché tras de mí alguien cantando… No podía creerlo…

¿Cómo pueden estar alguien cantando bajo una tormenta como esta?

Al darme la vuelta, vi a cinco hombres detrás de mí y me quedé atónita al descubrir que, todos ellos, estaban riendo, cantando, disfrutando y contentos mientras subían la montaña bajo la lluvia. Pasaron a mi lado y me dijeron, mientras reían: “Buen camino, qué día más bueno hace, verdad..?”

Al principio no podía entender porque aquellas personas estaban contentas en esa situación tan mal, pero comencé a caminar con ellos y rápidamente me contagiaron de su felicidad y comencé a reírme y cantar con ellos. Todo cambió en mi mente de repente…!

Ese fue un momento muy importante para mí: entendí que por muy mal que estén las cosas, se pueden afrontar con una actitud positiva. Decidí que si quería seguir y lograr mi objetivo, o cualquier meta que tenga en la vida, iba a necesitar algo muy importante:

Actitud positiva: que me permitiría estar abierta a las oportunidades.

No quiero decir que el hecho de que cambiara mi actitud, significaba que todo sería fácil a partir de ese momento. De hecho, había muchos días después en el camino que quería dejarlo de verdad. Quería coger un autobús y volver a mi casa.

Sin embargo, la actitud me ayudaba en los momentos donde pensaba que no podía seguir y sobre todo me permitía disfrutar de la experiencia, centrándome en las cosas buenas que podía ver y aprender en el camino, en vez de pasar el tiempo quejándome.

 

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