No Se Puede Vivir con Miedo

En la vida hay muchas personas que no dudan al afirmar que saben lo que harían si tuvieran una situación complicada en la vida:

“Si alguien me hiciera esto, yo haría ________”
“Si esto me pasase, yo haría _________”

La verdad es que podemos decir todo el día las cosas que pensamos que haríamos en una situación, pero realmente no podemos saber lo que haremos hasta que estemos en esa situación. Eran las 22:30 h de un martes y me estaba quedando dormida en mi apartamento de Zaragoza (España). En el silencio de la noche oí un pequeño ruido.

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“No pasa nada. Hay un bar a lado, así que es normal que se oigan ruidos.” – Pensé yo

Después de un momento el ruido creció: Estaba tumbada, congelada y mientras tanto el ruido se oía cada vez más. No tardé mucho en darme cuenta de que el ruido estaba viniendo de la puerta de la calle. Miré desde la ventana a la calle y, como no me veía nada, volví a la cama.

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De repente, oí como se abrió la puerta de la calle y oí como alguien intentaba abrir la puerta de mi cuarto.
Estaba en mi habitación con la puerta cerrada por dentro y pensé’ “No puede entrar en el cuarto..!”

De repente había un silencio ensordecedor y pensé: “Que alivio, se ha ido..!”

Pero el silencio se rompió de nuevo: escuché unos pasos en el salón de mi casa.

Allí estaba, sola, en mi casa, escuchando los pasos de alguien que estaba justo al lado y sin forma de salir por la ventana (tenía rejas). Si hubiera pensando en esta misma situación antes, hubiera asegurado que sabría que hacer: “cogería cualquier objeto para utilizar como arma, llamaría la policía o haría algo”, pero en ese momento el pánico me congeló y no supe qué hacer.

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Tenía algunas opciones: Esconderme debajo la cama (con la garantía que me encontraría), abrir la puerta y correr o coger algo para defenderme y a ver qué pasaba. Decidí respirar hondo, encontrar valor y elegir la segunda opción. Abrí la puerta lentamente para no hacer ruido y corrí lo más rápido que pude. Al abrir la puerta, me encontré a un hombre con los ojos grandes y blancos mirándome en la oscuridad.

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No podía luchar y ni siquiera quería intentarlo. En ese momento solo me salió gritar tan fuerte como pude. El hombre se asustó con mis gritos y al final pude salir corriendo a la calle tapándome sólo con una sábana.
Entre en el bar de al lado y pedí ayuda. Un vecino llamó a la policía y cuando volvimos el hombre ya se había ido de mi casa.

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Después de que la policía me llevara a casa de mi familia española a dormir, repetí la escena en mi cabeza muchas veces y di gracias por que al final no hubiera pasado nada.

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Una experiencia negativa puede tener un efecto que dure todo la vida si lo dejamos así. En las semanas siguientes tuve que levantarme y tomar una decisión:

¿Iba a permitir que los miedos se apoderaran de mí y no volvería a dormir sola otra vez, o iba a aprender una lección muy importante de la situación y hacer todo lo que pudiera para que no pasara otra vez?

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Esto pasó porque no puse los cerrojos de seguridad y tuve excesiva confianza. A partir de ese momento siempre cerraba la puerta por dentro y así sabía que era imposible que alguien pudiera entrar en mi casa.

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El vida es un 10% de las cosas que nos pasan y 90% de nuestras reacciones a las cosas. Tenemos que aprender de los errores, pero no podemos vivir siempre con miedo a que vuelvan a pasarnos las malas experiencias que hemos vivido.

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Sarah - thenomadicdreamer.comNo Se Puede Vivir con Miedo