El Día Perfecto que Termina Mal: Accidente en Moto en Ko Samui, Tailandia

Tailandia siempre ha sido uno de mis destinos de ensueño. Hermosas playas, caminatas, cascadas, templos y una lista interminable de emocionantes aventuras para adictos a la adrenalina como yo.

Después de un par de semanas disfrutando del norte de Tailandia, escapé del campo para visitar las islas y relajarme a lo largo de sus espectaculares playas de arena azul.

Preparé mi bikini favorito, mi cámara submarina con mi nuevo Spivo Stick y estaba más que entusiasmada por explorar la vida submarina y bucear. Además de eso, tenía el plan perfecto para explorar la isla de Ko Samui en moto, detenerme y visitar algunas hermosas playas, visitar las cascadas escondidas en las montañas y terminar visitando la famosa Fiesta de la Luna Llena.

¡Sería la escapada perfecta!

Después de un viaje en bote de 12 horas a la isla de Ko Samui, finalmente llegué a mi destino. Felizmente tomé mis maletas, marché del ferry y encontré el hotel donde me alojaría toda la semana.

Para esta aventura, había decidido reunirme con un amigo que me había hospedado en Couchsurfing dos años atrás en Malasia, que estaba en la zona y quería ir a la fiesta de la luna llena.

El día de la Fiesta, nos despertamos y había un hermoso cielo azul, decidimos comenzar temprano el día y alquilar una motocicleta para explorar la isla. Para hacer buenos videos y fotos, decidí ir de pasajera, algo que normalmente nunca hago, ya que me da mucha más confianza conducir yo.

Sonriendo, lo miré y le dije: “No vamos a chocar, ¿no?!”, pero nunca pensé que realmente era una posibilidad.

Rápidamente planeamos nuestro camino y nos dirigimos a la playa de Chaweng. Llegamos para descubrir una hermosa y limpia playa de arena, casi desierta.

Después de un largo baño, continuamos nuestro camino hacia otra playa, más tarde seguimos en moto a través de las montañas y finalmente paramos en un mercado local para comprar y degustar deliciosa comida tailandesa.

El día todavía era joven, así que decidimos explorar más hacia el interior y buscar algunas de las impresionantes cascadas de las que muchos otros viajeros nos habían hablado.

La sensación de cabalgar a través de las montañas, completamente inmersa en la naturaleza y el viento que soplaba en mi cara, era una completa sensación de paz y libertad.

Sin embargo, esa sensación duró poco cuando nuestro día perfecto cambió de repente, mi amigo perdió el control de la moto, nos caímos al suelo, mi casco salió volando por el aire y me choqué con fuerza contra el suelo.

Mis oídos comenzaron a pitar con intensidad y todo se tornó negro, intenté levantarme, pero no podía ver nada, todo era oscuridad a mi alrededor. Sentí un fuerte dolor en mi hombro derecho y en ese momento supe que estaba herida de gravedad.

Después de unos minutos, la oscuridad comenzó a desvanecerse, al principio lo veía todo borroso, pero poco a poco pude ver a mi amigo que estaba sentado en el suelo, cubierto de sangre y en estado de shock, por lo que acababa de pasar.

Con una expresión de horror, dijo “No tengo idea de lo que ha sucedido, no lo entiendo… ¡Lo siento mucho! ¿Estás bien, estás bien?”

Poco después, la gente nos encontró en el camino y, sin pensarlo dos veces, se acercaron a ayudarnos y llamaron a una ambulancia. Como soy muy obstinada, insistí en que podía levantarme y que estaba bien, pero tan pronto como traté de ponerme en pie, me invadió un intenso dolor.

Rápidamente, me di cuenta de que no podía regresar en nuestra moto, porque estaba destrozada y casi no podía caminar, así que no tuve más remedio que ir en la ambulancia.

La ayuda médica llegó en 20 minutos, nos llevaron durante 45 minutos a través de la isla a un hospital público y nos dimos cuenta de que era una mala idea, tan pronto como entramos dentro de la camilla.

El hospital era totalmente diferente a todos los que había visto hasta ese momento. En los primeros 10 minutos vi a un perro callejero caminando por el pasillo y una fila de enfermos que esperaban pacientemente a mi alrededor. A mi derecha había un niño de 3 años con graves quemaduras en su cuerpo por un accidente de motocicleta y el sonido de la madre que gritaba detrás de la cortina mientras el doctor limpiaba sus heridas llenaba la habitación.

Mantuve la sensación de tranquilidad, pero mi amigo, que estaba junto a mí, tenía una seria expresión de angustia. Cada minuto que pasaba su hinchazón empeoraba y parecía no que iba a dejar de sangrar.

Vino el doctor y nos dijo que era hora de limpiar nuestras heridas. Sentimos una pequeña dosis del dolor que el pequeño niño sentía a nuestro lado.

Después del momento terrible que pasamos mientras nos curaban, nos hicieron placas de rayos X y poco después nos dijeron a los dos que podíamos irnos, con la seguridad de que no nos pasaba absolutamente nada. Salimos cojeando del hospital, mirándonos el uno al otro y con un sentimiento de que algo no estaba bien: no deberíamos dejar el hospital tan rápido y sin ayuda.

El dolor se volvió insoportable los dos días siguientes, así que decidimos escuchar a nuestro cuerpo y el presentimiento que invadía nuestro corazón y visitar un hospital privado, para ser examinados de nuevo.

En el nuevo hospital, después de realizar muchas más pruebas, a mi amigo le diagnosticaron una fractura en la línea del cráneo y le dijeron que necesitaba cirugía. Después de una resonancia magnética, el médico descubrió que mi clavícula estaba rota y dislocada. Por eso me dolía tantísimo.

El médico me dijo que tendría que dejar de viajar por un tiempo, tomarlo con calma y que tenía terminantemente prohibido nadar, levantar cosas, ir de excursión o hacer cualquier tipo de ejercicio físico. En el momento en que recibí esta noticia, solo llevaba 2 semanas de viaje de los 5 meses que tenía planeado para recorrer varios países de Asia y todo lo que podía sentir era decepción por todas las actividades y aventuras que no podría hacer.

En muchos momentos, las cosas no van exactamente como queremos. Nunca había pensado que podría ocurrirme un accidente así, que puso un gran obstáculo en mi camino y en mis planes.

Tenía otras expectativas sobre la forma en que quería que las fueran las cosas, pero la vida tenía planeado para mí algo diferente.

A veces, en momentos difíciles como este, es difícil ver exactamente qué es lo que la vida intenta enseñarnos. Tal vez estaba tratando de enseñarme a no dar nada por sentado o tal vez era sólo para que redujera la velocidad un poco en mi vida y en mis viajes.

Cualquiera que sea la lección, intenté mantener una actitud positiva y recibir abiertamente lo que la vida intentaba enseñarme. Lo que aprendí con esto es que cada situación negativa que enfrentamos tiene una lección detrás de la que podemos aprender.

No siempre es fácil abrir los ojos y ver esa parte positiva, pero está ahí para aprender de ella. Y, por último, no importa cuán duro sea el obstáculo y las dificultades a las que nos enfrentamos, tenemos que levantarnos y seguir hacia adelante, hasta nuestras metas.

 

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