Quedarse En Blanco

Lo desconocido puede ser un lugar aterrador, especialmente si nos quedamos allí mucho tiempo sin hacer nada.

Cuando hablamos sobre los miedos y el deseo a enfrentarnos a ellos, es más fácil tumbarse y pensar sobre el cambio que queremos hacer, en vez de ponernos a trabajar en ello.

Después de hacer yo sola el Camino de Santiago, donde anduve casi 1.000 km, durante 31 días, partiendo de Francia y cruzando España, mi corazón cambió y mi misión era mucho más clara.

Al finalizarlo me sentía capaz de hacer cualquier cosa, porque antes de empezar, estaba convencida de que no iba a poder terminarlo.

Después de tener esa experiencia sabía que, aunque en muchos casos mis experiencias por el mundo son divertidas, no estoy aquí sólo para divertirme.

Mi corazón se abrió con la experiencia del camino y termine entendiendo que estoy aquí para hacer algo más grande que tener mis propias experiencias para mi placer, en mi vida tengo que ayudar a otras personas en el mundo tengan una vida mejor.

Mientras estaba caminando en el Camino de Santiago, era como si cada paso que daba, creciera dentro de mi corazón el deseo de ser habladora motivational. Cuando era joven sólo en pensar en hablar en público me daba pánico.

En muchas ocasiones cuando tenía que hablar delante de la clase me quedaba congelada y no podía articular ni una palabra o incluso, a veces, la ansiedad me hacía llorar. Los profesores ya lo sabían y tenían mucha paciencia conmigo.

Recuerdo muchas noches, tumbada en la cama, despierta, luchado contra mi deseo de hablar y los “y si” que llenaba mi cabeza:

  • “¿Y si digo algo y parezco tonta delante de mucha gente?”
  • “¿Y si alguien me pregunta algo y no sé qué responder?”
  • “¿Y Si estoy dando una charla y me quedo en blanco?

Cuando volví a mi ciudad en Arkansas para visitar a mi familiar, después de dos años en España, tuve la oportunidad de dar charlas de motivación por primera vez en asociaciones, empresas y universidades.

En una de estas charlas fui a un Rotary Club, que es una asociación de las personas más influyentes de la ciudad. No era la primera vez que hablaba, ni para el número más numeroso (ya había dado una charla para más de 700 personas y en ese caso eran apenas 60), pero estaba muy nerviosa porque tenía que hablar para personas muy influyentes, inteligentes y que además me conocían, porque eran de mi ciudad natal, incluso algunas de ellas me conocían desde niña.

Respiré hondo, me puse de pie y empecé mi charla con el corazón latiendo a cien por hora, con voz temblorosa y seca. Después de tres minutos hablando, todo fue a peor. De repente, tuve un momento de pánico y me quedé en blanco. Normalmente cuando la gente da charlas y comete errores, no se nota, pero en mi caso fue diferente.

Me quedé bloqueada, delante de todos, en silencio, mirando como un ciervo deslumbrado delante de los faros de un coche, sin saber cómo empezar de nuevo.

Después de 10 segundos, respire hondo, comencé de nuevo y no tuve ningún otro fallo.

En el tema de los miedos, muchas veces pasamos demasiado tiempo pensando en los “y si” sin hacer nada. Durante ese tiempo es fácil pensar en todas las cosas que podrían pasar y todas las consecuencias negativas que ello podría acarrear.

En esos momentos, nos sentimos inseguros ante un situación que no vamos a poder controlar y buscamos una y mil excusas para aplazarlo y no intentar llevar a cabo nuestros objetivos.

Me quedaba despierta muchas noches con esa película montada en la cabeza de las peores situaciones que podrían pasar, quedándome en blanco delante de todos y me convencí a mí misma de lo terrible que sería si eso lo pasara.

Lo gracioso de la situación es que cuando me quedé en blanco me di cuenta rápidamente de que NO PASABA ABSOLUTAMENTE NADA. Los que me escuchaban también son personas, cometen fallos y entienden que algo así pueda ocurrir.

Cuando finalicé mi charla, terminé hablando de la lección que había aprendido ese día: los errores no son tan malos como imaginamos y no pasa nada si nos equivocamos.

Es peor que el miedo al fracaso nos paralice y no nos permita enfrentarnos a nuestros miedos, trabajar en conseguir nuestros objetivos y hacer realidad nuestros sueños.

También aprendí ese día que es bueno cometer errores, porque eso nos demuestra que estamos forzando la máquina y nos estamos exigiendo ir un poco más allá, porque si estamos cómodos con lo que hacemos es porque no estamos evolucionando, ni estamos saliendo de nuestra zona de confort.

Gracias a ese día, ya no tengo miedo a quedarme en blanco, porque sé que si me pasa otra vez, no será tan grave como imaginaba.

Al ver cómo reaccioné a esa situación y que hablé de mi error con sinceridad y aprendiendo de él, todas las personas me aplaudieron y me felicitaron.

De todas las situaciones, por muy malas que nos parezcan, se puede aprender algo nuevo.

No podemos cambiar las situaciones, pero sí que podemos enfrentarnos a ellas de forma positiva y aprendiendo una lección, en vez de enfadarnos o sentirnos mal con nosotros mismos.

Sarah - thenomadicdreamer.comQuedarse En Blanco