Sonríe, Incluso Cuando No Quieres

Había escuchado muchas historias románticas de esta bonita ciudad Italiana y finalmente tuve la oportunidad de visitar Venecia.

Quedé prendada de su belleza, mientras cruzaba los canales en el ferry hacia la plaza principal de San Marcos. Barcos y góndolas cruzaban en todas las direcciones. Aunque el tiempo era bastante frío, la ciudad transmitía calor con su encanto.

Al llegar al hotel, solo podíamos pensar en dos cosas: pasta y pizza Italianas.

Paseamos por la calle, cruzando los canales por pequeños puentes, buscando ese delicioso plato que habíamos imaginado. Una brisa de un delicioso aroma no condujo hasta un pequeño restaurante. Nos sentamos y pedimos una pasta grande y una pizza. Saboreamos cada bocado, recién hecho, rociado con aceite de oliva. Delicioso…!

Pasamos la tarde disfrutando del ambiente, paseando, tomando un cremoso helado italiano, nos sentamos junto al canal y vimos pasar a la gente. Todo era perfecto…

Es muy fácil perderse en una ciudad como Venecia. Algunas calles son tan estrechas que extendiendo los brazos alcanzas los dos lados de la calle. Te sientes como en un laberinto y si no te fijas bien, puedes terminar muy lejos de donde querías ir realmente. Pero, como no teníamos prisa, perderse parecía algo divertido. Girar en cada esquina, ver algunas tiendas, y llegar a un sitio nuevo: el plan perfecto.

De repente todo cambió dramáticamente.

Sentía una sensación abrumadora. Las calles que veía hacía unos momentos tan bonitas, perdieron su encanto y entré en un estado de pánico: “Me siento muy mal”, le dije a mi amiga. Eso fue el comienzo de mi primer día en Venecia. En vez de la noche romántica que había imaginado, se convirtió en el juego de “buscar el baño más cercano”.

Padecí un virus de estómago toda la noche y hasta la mañana siguiente. Me sentía muy decepcionada: había viajado mucha distancia para ir a la ciudad de mis sueños y pensé que todo sería diferente.

Teniendo en cuenta de que solo iba a estar allí un fin de semana, decidí que iba a sonreír, intentar no pensar en la decepción, esforzarme a caminar por la ciudad y disfrutar de todos los momentos en los que no me encontrara mal.

Convertí la decepción en sonrisa y eso fue lo que cambió mi punta de vista de todo.

Sonreír y centrarme en las cosas buenas, no modificaron la realidad, seguía enferma, sin embargo, lo que cambió fue el resultado del viaje.

Cuando estamos enfrentados con una situación, como la mía, tenemos dos opciones: enfocarnos es como es de mala la situación (que no cambiará, incluso si piensas en ello horas y horas), o sonreír (incluso cuando no quieres) e intentar disfrutar todo lo que puedas de la experiencia.

Sonriendo en una situación donde no quería sonreír, cambié el resultado de todo.

Se ha descubierto que puedes aumentar tu ánimo y estado físico al obligarte a ti mismo a estar bien y sonreír. Incluso cuando fuerzas una sonrisa, el cuerpo libera endorfinas y alivia el estrés.

Sonreír es la medicina más natural.

Sonríe: Es gratis, pero aporta mucho. Es un regalo universal que puedes dar en cualquier sitio donde vayas. Es algo que te sirve para salir de un momento incómodo y una sola sonrisa puede ser recordada para siempre.

No sólo es una medicina natural para los que te rodean, sino, sonriendo mejoras tu estado de ánimo y sistema inmune.Te hace mas guapo y es muy contagioso. Incluso en las malas situaciones, se puede buscar una sonrisa.

 

 

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Sarah - thenomadicdreamer.comSonríe, Incluso Cuando No Quieres